11.24.2017

LA OBESIDAD COMO UNA ADICCION

Las causas de la obesidad son complejas y específicas para cada persona; en
algunos individuos, podría reflejar una conducta adictiva



► Introducción
Si bien las causas de la obesidad son muy diversas, el consumo excesivo de
alimentos representa un factor fundamental. Cuando el consumo se torna
compulsivo y descontrolado, a menudo se lo considera una “adicción
alimentaria”; este concepto, sin embargo, ha motivado mucho debate, tanto en
términos clínicos como científicos.
La adicción a los alimentos, incluso en ausencia de consecuencias
desfavorables, sociales y sobre la salud, parece reflejar el patrón adictivo a
ciertos componentes de la dieta y es similar al comportamiento adictivo para
otras sustancias. Tanto los alimentos como los fármacos inducen tolerancia en
el transcurso del tiempo, de modo que se requieren cantidades más
importantes para alcanzar o mantener la intoxicación o la saciedad.
En ambos casos, también, la interrupción del consumo se asocia con síntomas
de abstinencia, como distrés o disforia. La incidencia de recaídas es común en
ambas situaciones. Debido a que los síntomas vinculados con la adicción a los
alimentos son similares a los definidos en el Diagnostic and Statistical Manual
of Mental Disorders (cuarta edición) para el abuso de sustancias y la
dependencia, algunos grupos consideran que la adicción a los alimentos
debería considerarse una enfermedad psiquiátrica.

► Definición de adicción

Clásicamente, el término de adicción se utilizó para aquellas sustancias que
inducen la activación de las vías mesolímbicas de la recompensa; sin embargo,
más recientemente el concepto fue ampliado, de modo que actualmente incluye
los "comportamientos adictivos". De hecho, el sistema mesolímbico asociado
con la recompensa también es activado por actividades placenteras adictivas.
Los estudios por imágenes revelaron que diversas regiones específicas del
sistema mesolímbico, entre ellas el núcleo caudado, el hipocampo y la ínsula,
se activan en presencia de drogas y alimentos y, a su vez, inducen la liberación
de dopamina del estriado, un neurotransmisor que cumple funciones decisivas
en el sistema de la recompensa. Los opiáceos endógenos también son
importantes en este sistema; se activan fundamentalmente en respuesta a la
ingesta de alimentos dulces. Se ha visto que la naltrexona reduce el consumo
compulsivo de alimentos y drogas.
Los agonistas inversos del sistema endocannabinoide han sido utilizados para
el tratamiento de las adicciones a drogas ilícitas y para la reducción del peso
corporal. Los pacientes sometidos a cirugía bariátrica por obesidad pueden
presentar, después, comportamientos adictivos para otras sustancias, un
fenómeno que se conoce como "transferencia de adicciones".

► Alimentos adictivos

Se ha sugerido que los alimentos más apetitosos, por ejemplo los muy dulces,
los muy salados y aquellos con alto contenido de grasas, son capaces de
generar un comportamiento adictivo, similar al que inducen ciertas drogas. Si
bien este fenómeno pudo haber sido beneficioso en otros tiempos, por la
conversión rápida en energía, en las últimas generaciones, el entorno
alimenticio ha variado de manera considerable. Las nuevas tecnologías
modifican ciertos productos con la finalidad de hacerlos más “agradables” y
competitivos en el mercado. En este caso, la capacidad de brindar recompensa
también se incrementa. Los alimentos hipercalóricos y ricos en grasas son, en
la actualidad, muy abundantes y muy accesibles en las sociedades
occidentales. A diferencia de las drogas de uso ilícito, el consumo de alimentos
es relativamente económico y legal, con lo cual se favorecen, de manera
importante, las conductas adictivas relacionadas.
No todas las personas que consumen drogas se tornan adictas; de la misma
manera, no todos los individuos expuestos a alimentos ricos en calorías y
grasas adoptan un comportamiento adictivo. Estas diferencias en la
susceptibilidad obedecerían, al menos en parte, a la predisposición genética y a
la adaptación cerebral al uso excesivo en el transcurso del tiempo,
especialmente mediante la menor expresión de receptores dopaminérgicos D2,
vinculados con el comportamiento adictivo.
La vulnerabilidad también puede relacionarse con los rasgos de la
personalidad. En este contexto, los sujetos obesos tienden a ser más sensibles
a la recompensa y el castigo y a presentar conductas más impulsivas, por
mecanismos que difieren de aquellos que motivan la ingesta fisiológica de
alimentos. Los alimentos muy apetitosos, al igual que otras sustancias
adictivas, pueden generar placer y reducir el dolor. También se ha visto que la
ingesta de alimentos puede utilizarse como un método de automedicación, en
respuesta a los estados emocionales negativos, como la depresión, la
ansiedad, la soledad, el aburrimiento, el enojo y los conflictos interpersonales.

► Conclusión

Sin duda, las elecciones personales también explican por qué un subgrupo de
pacientes con obesidad perpetúa el conflicto que genera el seguir comiendo o
deja de hacerlo. Si se acepta que la obesidad es una adicción, el abordaje de
los sujetos con obesidad debería modificarse considerablemente; de hecho, la
búsqueda de adicciones debería formar parte obligada del estudio de estos
enfermos.
En el caso de los pacientes con obesidad sometidos a cirugía bariátrica, la
conducta adictiva podría constituir un factor pronóstico posoperatorio; además,
explicaría la falta de éxito de los programas destinados a modificar, de manera
saludable, el estilo de vida, en ausencia de tratamiento farmacológico o
estrategias psicológicas, con el objeto de modificar el componente adictivo de la
enfermedad. En los modelos con animales existen superposiciones importantes
entre los fármacos que interfieren con el abuso por alimentos y por drogas,
utilizados para el tratamiento de ambas patologías.
En este nuevo escenario, el concepto de “culpabilidad” habitualmente aplicado
a los enfermos con obesidad debe ser revalorado. Aunque en el contexto de la
medicina convencional es esperable la falta de aceptación de que la ingesta
excesiva y compulsiva de alimentos sea una adicción, el papel que tienen la
vulnerabilidad biológica y los desencadenantes ambientales no puede ignorarse

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10.27.2017

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9.06.2017

LOS CARBOHIDRATOS MAS PELIGROSOS QUE LAS GRASAS



Los carbohidratos más peligrosos que las grasas

Un estudio sobre la dieta en 18 países de 5 continentes con seguimiento de 7 años encuentra que los carbohidratos se asocian a mayor mortalidad que las grasas
La nueva investigación sugiere que no es la grasa de la dieta lo que aumenta el riesgo de muerte prematura, sino que los carbohidratos en exceso, sobre todo los carbohidratos refinados y procesados, podrían ser el verdadero culpable.
La investigación también encontró que comer frutas, verduras y legumbres puede reducir el riesgo de morir de forma prematura. Pero tres o cuatro porciones al día parecieron ser bastantes. Las porciones adicionales no parecieron ofrecer un mayor beneficio.
¿Qué quiere decir todo esto para usted?
Comerse una hamburguesa con queso no es malo, y añadir lechuga y tomate sigue siendo bueno, pero un exceso de pan de harina blanca para la hamburguesa podría aumentar su riesgo de morir de forma prematura.
Las personas con una ingesta alta de grasa (más o menos un 35 por ciento de la dieta diaria) tenían un riesgo de muerte prematura un 23 por ciento más bajo, y un riesgo de accidente cerebrovascular un 18 por ciento más bajo, frente a las personas que menos grasa comían, señaló la autora líder, Mahshid Dehghan, investigadora en el Instituto de Investigación sobre la Salud de la Población de la Universidad de McMaster, en Ontario.
Los investigadores también anotaron que una ingesta muy baja de grasas saturadas (de menos del 3 por ciento de la dieta diaria) se asoció con un riesgo más alto de muerte en el estudio, en comparación con las dietas que contenían hasta un 13 por ciento diario.
Al mismo tiempo, las dietas ricas en carbohidratos (que contenían en promedio un 77 por ciento de carbohidratos) se asociaron con un aumento del 28 por ciento en el riesgo de muerte, frente a las dietas bajas en carbohidratos, señaló Dehghan.
"El estudio mostró que al contrario de lo que popularmente se cree, un mayor consumo de grasas en la dieta se asocia con un riesgo más bajo de morir", dijo Dehghan.
"No encontramos evidencias de que por debajo de un 10 por ciento de energía a partir de la grasa saturada sea beneficioso, y reducir por debajo de un 7 por ciento podría incluso resultar nocivo. Unas cantidades moderadas, sobre todo acompañadas de una ingesta más baja de carbohidratos, probablemente sean lo óptimo", planteó.
Esos resultados sugieren que las principales organizaciones de la salud quizá deban replantear sus directrices dietéticas, anotó Dehghan.
Pero no todo el mundo está listo para descartar las directrices dietéticas actuales.
El Dr. Christopher Ramsden es investigador clínico en el Instituto Nacional Sobre el Envejecimiento de EE. UU. "Se necesita mucha más información. Hicieron un gran trabajo y sacarán mucha más información durante años, pero es difícil en este momento convertirlo en recomendaciones sobre la comida", comentó.
"De verdad resalta la necesidad de ensayos aleatorios controlados bien diseñados para responder a algunas de esas preguntas", añadió Ramsden.
Los investigadores anotaron que su estudio no observó los tipos específicos de alimentos de los cuales se derivaban los nutrientes. Y Bethany O'Dea dijo que eso constituye "un fallo importante desde un punto de vista la nutrición". O'Dea es dietista cardiotorácica en el Hospital Lenox Hill, en la ciudad de Nueva York.
Pero no renuncie a las frutas, verduras y legumbres, que siguen siendo buenas
"Por ejemplo, comer un carbohidrato saludable como una manzana tiene una nutrición más densa, y es mejor para uno, que comerse una bolsa de papitas fritas", dijo O'Dea.
"El estudio tampoco tomó en cuenta las grasas trans, y muchas evidencias apuntan a que son malsanas y contribuyen a la enfermedad cardiovascular", apuntó.
Las directrices globales actuales recomiendan que de un 50 a un 65 por ciento de las calorías diarias de una persona provengan de los carbohidratos, y menos de un 10 por ciento de las grasas saturadas, dijeron los investigadores.
Dehghan sugirió que "las mejores dietas incluyen carbohidratos y grasas en equilibrio, con más o menos entre un 50 y un 55 por ciento de carbohidratos y un 35 por ciento de grasas en total, incluyendo tanto las grasas saturadas como las insaturadas".
Todos los alimentos contienen tres macronutrientes principales que son esenciales para la vida: grasas, carbohidratos y proteínas. Las cantidades óptimas que una persona debe comer han sido tema de debate durante décadas, y a lo largo del tiempo el péndulo ha cambiado de las dietas bajas en grasas a las dietas bajas en carbohidratos.
En este estudio, Dehghan y sus colaboradores siguieron la dieta y la salud de más de 135,000 personas, de 35 a 70 años, de 18 países de todo el mundo, para obtener una perspectiva global sobre los efectos de la dieta en la salud.
Los participantes ofrecieron información detallada sobre su estatus socioeconómico, estilo de vida, historial médico y salud actual. También completaron un cuestionario sobre su dieta regular, lo que los investigadores utilizaron para calcular sus calorías diarias a partir de las grasas, los carbohidratos y las proteínas.
El equipo de investigación siguió entonces la salud de los participantes durante un promedio de siete años, con visitas de seguimiento al menos cada tres años.
Los investigadores encontraron que las dietas ricas en carbohidratos eran comunes: más de la mitad de las personas derivaban un 70 por ciento de sus calorías diarias de los carbohidratos.
Las dietas ricas en carbohidratos se han vinculado con aumentos tanto en el colesterol en la sangre como en los componentes químicos del colesterol, aclaró Dehghan.
Mientras los expertos siguen discutiendo sobre cuál es la mejor dieta, ¿qué debe usted comer?
O'Dea dijo que "la dieta debe consistir en carbohidratos saludables, proteína magra, y bastantes frutas y verduras. Recuerde evitar los refrigerios procesados que contengan grasas trans y saturadas, y elija una fuente de carbohidratos saludables".
El estudio fue presentado el martes en la reunión anual de la Sociedad Europea de Cardiología (European Society of Cardiology), en Barcelona, España. La investigación aparece como dos estudios en la edición en línea del 29 de agosto de la revista The Lancet
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8.21.2017

¿QUE ES LA GRASA BEIGE ?

¿Qué es la grasa beige?

Puede ayudar en el tratamiento de la obesidad. Su vínculo virtuoso con el ejercicio.

El cuerpo humano está formado por distintos tipos de tejido adiposo: el blanco y el marrón. Este último es propio de los animales de hibernación y los seres humanos lo tenemos desde nuestro nacimiento en la región interescapular. Se llama tejido adiposo marrón porque tiene un color diferente, dado que su estructura es muy distinta del tejido adiposo blanco, por contener gran cantidad de mitocondrias y a que estas son diferentes a las del resto del cuerpo.

En los últimos años se ha descubierto un tejido parecido al marrón pero que se encuentra en los depósitos del tejido adiposo blanco y que se denomina tejido adiposo beige. Ante el frío, nuestro sistema nervioso simpático (que es involuntario) activa al tejido adiposo marrón y beige, protegiéndonos de la hipotermia. El estímulo del frío recluta mayor cantidad de enzimas logrando que las mitocondrias trabajen más y, por lo tanto, incrementando el gasto de energía inducido por el frío.


La necesidad del ejercicio
El tejido adiposo marrón y el tejido adiposo beige -uno en una localización interescapular y el otro dentro del tejido adiposo blanco- están para quemar la grasa y no para almacenarla. Pero para ello es fundamental el estímulo del ejercicio, el cual produce los mismos efectos que el estímulo del frío.



Intentar aumentar la cantidad y el funcionamiento de la grasa beige podría colaborar con el tratamiento de la diabetes tipo 2, una de las enfermedades no transmisibles vinculadas a la obesidad.
El cuerpo podría transformar grasa del tejido adiposo de almacenamiento -que podríamos denominar mala- en tejido adiposo beige, a través del aumento de ejercicio y, especialmente a bajas temperaturas, porque de esta manera se produce un estímulo de los factores que van a aumentar la función de sus enzimas.


El ejercicio, a través de una hormona denominada irsina, estimula del tejido adiposo beige y sus funciones, por lo que podríamos decir que induce la ‘marronizacion’ de adipocitos, los transforma de blancos a marrones e incrementa la oxidación de las grasas y la producción de calor.


Melatonina y serotonina, aliadas de la grasa beige
La melatonina es una hormona cuyo principal beneficio es la inducción al sueño. También estimula la inmunidad y tiene acción antioxidante. Además, posee efectos metabólicos sobre la reproducción y sobre el tubo digestivo, relajándolo.
La naturaleza guarda un perfecto equilibrio entre todas las funciones de nuestro cuerpo. Una de ellas es la temperatura y, al dormir, la misma melatonina se encarga de regularla porque la temperatura baja debido a la inmovilidad. ¿Cómo hace esto? Al dormir, esta hormona se dirige al tejido adiposo beige y pardo y activa las enzimas UCP1 que comienzan a actuar, produciendo calor. Cuando sale el sol, la melatonina se inactiva y el tejido beige se duerme .
Al envejecer, aumenta mucho el tejido adiposo en todas las áreas e invade al músculo, sobre todo si la persona es sedentaria. La función de la melatonina en el tejido adiposo beige también falta y se acumula más tejido adiposo blanco.
Otra hormona aliada de estos procesos es la seretonina, popularmente conocida como la hormona de la felicidad. Cuando tenemos alta la serotonina, tenemos alta también la melatonina, logrando de esta manera dormir bien, tener buena inmunidad y además quemar la grasa que enferma, previniendo la obesidad y la diabetes.


El triptófano es un aminoácido que sube naturalmente la serotonina y la melatonina y colabora con la grasa beige produciendo el sueño y el calor que la naturaleza ha orquestado para la noche (pollo, leche, queso, pescado, huevos, nueces y maní son ricos en triptófano). En el tratamiento de la obesidad este es un punto clave, ya que así se aumenta la producción del tejido adiposo beige, con lo cual estaría produciendo una regulación de la termogénesis, quemando las grasas y generando calor. Por lo tanto la generación de serotonina y de melatonina en la prevención y tratamiento de la obesidad debe ser prioritaria. 
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